LA CAZA la version française the english version


Si la selva es un gran huerto salvaje, es también el lugar de conjunción por excelencia, donde se mezclan los sexos y se enfrentan los enemigos. Estas actividades no son echadas a humo de paja por los Achuar y en consecuencia la selva no es ni una meta de paseo ocioso ni un terreno lúdico para los niños. Uno se internará en ella siempre con un motivo muy particular y para desempeñar una acción muy precisa. En este espacio donde se ejercen de modo privilegiado la relación con el otro y el juego con la muerte, hay huéspedes que merecen consideración. Mimados y seducidos como mujeres, acosados y muertos como enemigos, los animales exigen en su relación toda la gama de facultades conciliadoras y bélicas de las cuales los hombres son capaces.

Con el amor físico y la guerra, la caza constituye así el tercer polo de las relaciones de conjunción que tienen la selva por teatro. Ella participa de los dos primeros a la vez por los placeres que ofrece y por las competencias técnicas y mágicas que requiere.

Retomando para la caza la distinción provisional utilizada en la exposición del proceso del trabajo hortícola, nos dedicaremos primero únicamente a los procedimientos técnicos. Como en toda empresa cinegética, estos se fundamentan en el dominio combinado de los instrumentos para matar y de las técnicas de acosamiento y de acercamiento. Por tanto debemos examinar rápidamente las armas utilizadas por los Achuar y los medios que ellos se dan para estar en condiciones de utilizarlos.

El arma principal de caza es la gran cerbatana (ilum), Un tubo fino y rectilíneo de unos tres metros de largo, con el cual se proyectan flechillas ligeras y aguzadas. Esta arma magnifica, de un negro uniforme y satinado es particularmente difícil de fabricar. Contrariamente a lo que podría sugerir la elegante sencillez de su apariencia, la cerbatana Achuar se constituye en realidad de dos secciones de tubo simétricas de madera de palmera trabajadas para ajustarse exactamente la una a la otra en el sentido de la longitud. Estos medios tubos ahuecados en el interíor son ligados con bejucos y luego recubiertos de una capa negra a base de cera de abeja. La madera de las palmeras utilizadas principalmente la chonta, el chuchuk (Syagrus tessmanni) y el tuntuam (Iriartea sp.)- es de una dureza extrema y poco sensible a la deformación, pues sus fibras son largas y muy apretadas. Además se toma la precaución de esperar casi un ano entre la tala y el inicio del desalabeo para dejar a la madera el tiempo de secar perfectamente.

Por el hecho mismo de su densidad, esta madera de palmera exige un gran trabajo de desbaste y de pulimento, especialmente para cavar el alma que debe ser perfectamente redonda y rectilínea. Cuando las dos secciones de tubo vaciadas están superpuestas, es preciso pulir el alma con arena durante varíos días, mediante una varilla escobillón. La superficie externa de la cerbatana es también delicadamente cepillada para obtener un redondeado perfecto. Para todos los trabajos de confección de la cerbatana los Achuar utilizan, además del polivalente machete, dos herramientas destinadas de modo muy especifico a este uso y confeccionadas a partir de hojas viejas de machetes montadas sobre mangos de madera. La primera está constituida por una hoja triangular cuya punta afilada sirve de gubia para hacer una ranura en la garganta del alma. La otra es un rascador con el fin en media luna que se utiliza como cepillo. Envolver luego las dos secciones de tubo con un bejuco requiere una precisión extrema, pues el menor juego haría inutilizable a la cerbatana. Cuando está ligada se necesita todavía untarla con una capa de cera caliente (sekat) y ajustar una contera confeccionada en un segmento de fémur de jaguar o de pecarí. Contando el tiempo pasado en recoger los materiales en la selva o instalar los tres largueros que sirven de banco, la confección de una bella cerbatana necesita entre cincuenta y sesenta horas de trabajo.

Todos los hombres Achuar saben fabricar cerbatanas pero no todos logran hacerlas con el mismo éxito. Una excelente cerbatana debe satisfacer exigencias difíciles de conciliar: tiene que ser fina y liviana al mismo tiempo que absolutamente rígida. Algunos hombres son famosos por su pericia en este campo y adquieren por este hecho una de las pocas formas de especialización técnica propia de esta sociedad. Antes que utilizar una cerbatana mediocre hecha con sus propias manos, uno vendrá desde lejos para visitar a aquellos expertos a fin de intentar obtener un arma de calidad. Uno se dirige también a ellos para componer una cerbatana vieja que ya no es perfectamente rectilínea, ya que basta la menor curva del alma para hacer desviar la flechilla de la trayectoria prevista. Por cierto, todos los cazadores cuidan esmeradamente su arma paras evitar hacerle sufrir la menor deformación. Una cerbatana en descanso siempre es amarrada verticalmente a un pilar de la casa; al exteríor hay que protegerla de la exposición directa del sol que hace torcer a la madera. A pesar de esas precauciones una cerbatana fatalmente acaba alabeándose, obligando al cazador a practicar una corrección de mira a cada tiro.

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